Dia 85: Hola Puerto Rico

Nunca había tenido puesto el Spi durante tanto tiempo. Toda la noche tirando de las narices del barco, llevándolo derecho hacia su destino. Al levantarme, tras haberle cedido la guardia a Eduardo en medio de la madrugada, sentí que la decisión de haber partido de Barbados había sido un acierto de considerable corrección. El barco avanzaba a seis nudos como si un imán nos estuviera atrayendo hacia Dominicana.

Hoy esperábamos llegar a Puerto Rico y con suerte en dos días a Puerto Plata. La brisa de popa era una bendición que no nos dejaba borrar la sonrisa de nuestras caras. Pronto cumplimos las veinticuatro horas de vela balón. El avance del Tremebunda era tan notorio, que hoy se nos acabaría el mar caribe. Esperábamos pasar el pasaje de la Mona y entrar al Atlántico sin mayores problemas.

Auto foto no muy bien calculada

Auto foto no muy bien calculada

Descansamos tras el almuerzo y comenzamos a soñar con comida de en serio. A veces charlábamos sobre bifes o papas fritas, pero pronto recordábamos que lo mejor era no perder la calma y dedicarnos recorrer lo que nos faltaba.

Toda la tarde seguimos sin problemas con el Spi arriba.  Tomamos fotos, reímos con anécdotas del pasado común y leímos. No pusimos música para no gastar la batería, pero al menos teníamos el respaldo de ese panel solar que mi padre había comprado en los 90 como recargador renovable de nuestras baterías. Ese panel era del mismo proveedor que había comenzado a instalar estaciones de carga en las boyas del canal Mitre de Buenos Aires. Cuando pasábamos cerca de las boyas del canal navegando en el ahora lejano Rio color de león, veíamos los mismos paneles que ahora recargaban nuestras  baterías en el caribe.

Las escotas finas siguen haciendo que el Spi se mantenga inflado.

Las escotas finas siguen haciendo que el Spi se mantenga inflado.

Hacia el final de la tarde la brisa decayó notoriamente. El avance se hizo lento y las escotas comenzaban a ser demasiado pesadas como para mantener esa vela flotando. El peso de la escota desinflaba la vela, por lo que recurrimos  a poner una escota de repuesto súper fina que llevábamos por la dudas. Siempre en una travesías así de larga uno termina usando lo que creía que no iba a necesitar. Navegante preparado sirve para otra singladura.

Con la nueva escota fina el Spi volvió a flotar y a llevarnos, aunque a menor velocidad, de la nariz hacia la isla del encanto. Como a las cuatro de la tarde vimos la costa aparecer claramente. Una hora mas tarde veíamos el recorte de las montañas de la isla de Puerto Rico contra el horizonte. Dada la lentitud del avance, pudimos observar con atención cada relieve relevante desde nuestra posición. Hacia el atardecer llegamos a divisar Ponce y me quede pensando en como hubiera sido hacer esta etapa con mas tiempo  ( y con motor ). Sin duda hubiera sido fantástico poder conocer Puerto Rico a vela, pero esa parada también me la debo hasta otro viaje. Mientras el Spi siguiera inflado, el avance era seguro. Cayo la noche y nos conectamos por radio con Zarate para dar nuestra posición . Nos confirmaron que mi padre los había llamado para decirles que de seguro iba el día dos a Dominicana y que con el viajaría Max, un amigo mío y de mi hermano al cual conocíamos desde que mi familia se había mudado a Miami. Max no tenia idea de los barcos, pero era un amigo leal y un personaje con el que valdría la pena contar para cuando Eduardo se bajara de la nave.

Se hizo de noche en el pasaje de la Mona y el viento calmo casi por completo. Avanzábamos a tres nudos y veíamos los barcos que cruzaban entre Dominicana y Puerto Rico. Sabíamos que era una zona de mucho trafico de buques por lo que ambos nos manteníamos alerta. Antes de la medianoche teníamos un petrolero en nuestra popa que nos apuntaba justo al medio. Recurrimos a la radio VHF y luego de varios intentos frustrados el fuerte acento del operador de radio nos comunico que nos tenían en su radar y que nos pasarían por babor. Cinco minutos mas tarde el gigante oscuro nos paso a trescientos metros como a quince nudos de velocidad. Mientras nos pasaba esa mole oscura por al lado en medio de la noche me acorde del Tano Nicoletti y su encuentro menos fortuito con un carguero cerca de Venezuela. Había que andar con mucha precaución en esta zona de tanto trafico para no quedar como el Tano durante siete días flotando arriba de una madera. La noche entera me la pase mirando el radar y contando los barcos que pasaban a lo lejos. La precaución como madre de la fortuna. La fortuna como explicación de lo planeado. En el radar las manchas verdes me avisaban cuando apretar el botón del VHF por las dudas.

DIA 85: Millas recorridas 139 – Velocidad Promedio 5.78 nudos