Dia 64: Cornalitos de pez volador

Eduardo y yo charlábamos de la vida cuando lo vimos aparecer a Iñaki que se levantaba luego de cuatro horas de descanso. En seguida nos preparo un Nesquik a cada uno para comenzar la mañana con algo dulce como a el le gustaba. Los alisios nos seguían empujando hacia el caribe y sin duda esta iba a ser uno de los días de buen avance.

Mi hermano mirando el viento

Mi hermano mirando el viento

Los peces voladores se la pasaban saltando en nuestra proa y los mas desafortunados caían en cubierta sin que lo notáramos. Algunas veces lográbamos devolverlos al agua pero en este día en particular una cantidad considerable se acumulo en el área de proa.  La mayoría tendría menos de diez centímetros pero había uno que parecía el bisabuelo de todos que al menos media dieciocho o veinte. Iñaki decidió que esa cantidad era suficiente para una picada y antes del mediodía los comenzó a rebozar con harina. Dos minutos de sartén y el aperitivo estaría listo: peces voladores fritos – un manjar del Atlántico meridional. Con esto nos basto para saciar el hambre por una rato hasta que la inquietud de Tola media tarde nos indico que era hora de otra ingesta de alimentos. El viento era tan constante que el timón de viento apenas se movía. La Tremebunda cruzaba cada ola con gracia y la única sorpresa en ese cuadro eran los peces voladores que seguían cayendo sobre cubierta.

Pez volador en camino a la sartén.

Pez volador en camino a la sartén.

Tomamos una sopa instantánea y se aprovecharon una salchichas que estaban al limite de la salubridad. Iñaki se recostó a leer un libro Isabel Allende pero a las cinco paginas se quedo dormido en la cucheta de popa.

Iñaki se durmio leyendo a Allende

Iñaki se durmio leyendo a Allende

La rutina siguió su curso y tras los mates vino la hora de la radio. Pudimos hablar con mi abuela Helvecia que se había acercado hasta lo de Lastiri para escucharnos. Fue emocionante escucharla desde el medio del Océano. Todavía no se como será ser abuelo, pero aparentemente una de las mejores cosas de ser padre es la posibilidad de algún día llegar a ser abuelo. El tiempo dirá.

Iñaki nos paso a una dieta de sándwich de jamón y queso, señal que la dorada se habría acabado. Mientras masticábamos dejamos el motor prendido para recargar las baterías que bajaban considerablemente en su capacidad tras el uso extensivo de la radio. Eduardo se acostó primero y nos quedamos con mi hermano contemplando las estrellas desde el cockpit.

Entonces recibimos la primera visita inesperada de esta etapa. En la oscuridad pudimos ver que un gaviotín gris nos seguía de cerca. Estaríamos a doscientas millas de la costa y de seguro quería descansar sobre nuestro casco para recobrar energías. Luego de tres o cuatro intentos de aterrizaje el gaviotín gris logro bajar sobre la chubasquera gris de la Treme. Se quedo con su pico apuntando al viento y de a ratos cerraba un poco los ojos como descansando la vista. Me fui a dormir con la tranquilidad de que mi hermano se quedaría con nuestra amiga que en el momento bautizamos como “Catalina”.

DIA 64: Millas recorridas 162 – Velocidad promedio 6.75 nudos