Dia 83: Isla de las Aves

El viento nos seguía empujando de popa y sin darnos cuenta los dos habíamos regresado a la rutina del mar. Eran las guardias, los limitados ajustes del rumbo y de las escotas. La nave avanzaba sin problemas por medio del mar caribe. Por momentos y muy a lo lejos pudimos ver el resplandor de alguna de las islas del caribe francés.

Me parecía increíble estar navegando en las aguas azul profundo de una mar en el que tantas veces me había soñado navegando. Nos sentíamos afortunados de contar con la bondad de Eolo. Sin el no iríamos muy lejos y el sabor del peligro del paso entre las islas en medio de una recalmada nos había quedado en el paladar.

Mientras estos alisios nos llevaran, seguiríamos bien.  La brisa nos entraba por la aleta y las dos mayores se pasaron el día abiertas. El navegar a favor del viento en un mar sin olas nos brindaba una serenidad que no he vuelto a experimentar desde entonces. La onda del Océano Atlántico había desaparecido por completo, bloqueada por la barrera de islas que teníamos por estribor per que no podíamos observar a simple vista.

Atardece cerca de la Isla de las Aves.

Atardece cerca de la Isla de las Aves.

En nuestra ruta íbamos a pasar cerca de una pequeña isla que le pertenece a Venezuela, pero cuyos habitantes son plumíferos: la Isla de las Aves. Sin duda que pensar en una isla tan pequeña ubicada en medio del mar Caribe lo deja a uno montado del barrilete de la imaginación. Como seria la vida de los científicos que allí pasaban temporadas. Imaginaba las rutinas de la isla cobrando una dinámica propia, así como las de a bordo se llevaban nuestros días mientras nos hallábamos navegando. En cierto modo una así de chica debía ser parecida a un barco anclado, pero con arena, guano y huevos de tortuga.

Cerca de las cinco de la tarde empezamos a notar una gran variedad de aves que nos rondaban. Llegaban haciendo un vuelo de reconocimiento y minutos mas tarde regresaban con mas camaradas que venían a observarnos con la paciencia con la que los científicos venezolanos las observaban a ellas en la isla. Todas se parecían a alguna variante de la gaviota, pero dada mi falta de conocimiento acerca de las especies y subespecies de este animal volador no puedo dar nombres científicos mas precisos a nuestros visitante. Se veían  marrones, blancas y con manchas. También llegaron grandes y algunas pequeñas y grises que nos recordaron a Catalina, la gaviota que nos había visitado antes de llegar a Barbados en una oscura noche de un par de semanas antes.

Atardecer en el Caribe

Atardecer en el Caribe

A las isla en si nunca llegamos a verla. Estimo que le pasamos a menos de veinte millas pero siendo tan diminuta y de tan baja altura, no pudimos ver si costa.  No podíamos darnos el lujo de desviarnos, ya que había que aprovechar cada milla que nos regalaba Eolo. El Canal de la Mona estaba allá adelante y no íbamos a desviarnos por nada mientras el viento nos lo permitiera.

Al anochecer constatamos que las baterías habían bajado un poco pero todavía teníamos como para prender la radio y simplemente avisar que estábamos bien. Desde Campana Julio nos saludo, nos tomo la posición y se despidió con uno de sus chistes.

La noche de vuelta nos abrazaba con su suave brisa. Las luces del Tremebunda se quedaron apagadas para poder conservar amperes. Esperábamos que el panel solar recargara lo que habíamos consumido durante el día siguiente. Comimos un arroz de los clásicos de Gervasio y le dije a Eduardo que se fuera a acostar cuando quisiera. La noche con el viento de atrás se confundía con el sueño de estar navegando con el Tremebunda sobre un mar caribe sin ondas ni problemas.

DIA 83: Millas recorridas 137 – Velocidad promedio 5.7 nudos

Dia 83 : Isla de las Aves

Dia 83 : Isla de las Aves

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