Dia 61: El ecuador

La guardia del tercer día comenzó temprano. Como a las cuatro y media me despertó mi hermano para que lo relevara. Casi nunca había hecho la primera guardia del día y en cierto modo era una nueva experiencia. El mate me fue despertando mientras la tiniebla desaparecía. Estábamos a pocas millas del ecuador y aquí los días duran siempre lo mismo: de seis a seis.

En la heladera había aun cantidad de la dorada que pescamos el día anterior. Era reconfortante saber que seguiríamos comiendo pescado fresco en las variantes que se le ocurrieran a mi hermano. Mi puesto de cocinero había sido delegado de manera completa con la llegada de Iñaki a la cocina del Tremebunda.

Con el correr de la mañana el viento roto un poco del este al noreste y debimos ajustar las escotas un poco. La velocidad sobre el agua disminuyo un poco pero la corriente nos seguía empujando hacia el caribe. Compartía unos amargos con Edu cuando mi hermano se levanto a media mañana. Fijamos la posición que nos dictaba el GPS en la carta y calculamos que durante la tarde cruzaríamos el ecuador.  Era un hito que todo navegante anhela sobrepasar y es curioso que  se le de tanta importancia dado que las olas son iguales en ambos hemisferios y la línea imaginaria es en verdad bien difícil de imaginar. Para nosotros seria un cero en la pantalla del GPS y la celebración merecida que se aproximaba.

La cuenta regresiva de los segundos de latitud

La cuenta regresiva de los segundos de latitud

El mediodía nos recibió con el anuncio del menú: dorada al horno con crema. Mientras nos comíamos el manjar de Iñaki nos acordamos de nuestra madre. Era un menú digno de ella, inspirado en ella y si se quiere dedicado a la distancia a ella. Terminamos los tres satisfechos y con mas de la mitad de la dorada fría en la heladera.

Edu orgulloso del paso por el Ecuador

Edu orgulloso del paso por el Ecuador

A las tres y cincuenta de la tarde llegamos a la línea imaginario. Hicimos la cuenta regresiva de los segundos de latitud como si se tratara de un despegue de una misión de la NASA. Los segundos avanzaban de forma irregular, hasta que llegaron al fin a cero. Estábamos en la mitad del mundo y era para celebrar. Abrimos un fresita que había estado reservado para la ocasión desde nuestra partida. Celebramos los tres con la euforia semi simulada de un año nuevo. Feliz 6 de Marzo, Treme. Al fin cambiaste de hemisferio. Mientras duro la celebración, los segundos de latitud comenzaron a crecer del lado norte de nuestro planeta y pronto la línea imaginaria nos había quedado una milla atrás.

El Fresita del brindis que habíamos traído desde Buenos Aires

El Fresita del brindis que habíamos traído desde Buenos Aires

Creo que la alegría mayor era la de al fin ver ese numero que nos acercaba al destino creciendo. Nuestra latitud ya estaba en norte y hasta el grado veinticinco no íbamos a parar.

Se celebra con locura el cruce del ecuador

Se celebra con locura el cruce del ecuador

Cayo el sol y prendimos la radio por unos minutos solamente. Avisamos a Zarate sobre nuestra celebración y que la navegación seguía su curso de modo normal. Que se quedaran tranquilos, ese era el mensaje. Decidimos no charlar demasiado ya que las baterías estaban bajas y la radio consumía bastante para trasmitir. El volvo había dado problemas para arrancar y lo mas sensato seria conservar los amperes que le quedaran para el arranque del día siguiente.

La cena fue liviana. Una sopa basto para saciarnos. Esta noche me tocaría la guardia que mas me gustaba: la noche repleta de pensamientos y especulaciones.

DIA 61: Millas recorridas 143- Velocidad Promedio: 5.96 nudos

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