Dia 41: San Valentin en el mar

Hace una década no hubo cena romántica, ni velas, ni regalos. Hace una década estaba en camino. Aquí en Miami me aguardaba una vida con la cual nunca había soñado. Una vida con pañales y problemas del dia. Una vida con besos y gritos. Una alegría que nunca había imaginado que podría existir.

Hoy los sueños del adolescente se han abandonado por los sueños, mas concretos, del hombre en el que me he transformado. Hace una década no tenia idea de lo que me aguardaba, pero si pudiera volver atrás hubiera acelerado el motor para llegar mas pronto a donde hoy me encuentro: un universo de flores y sonrisas.

Mientras nos acercábamos a Salvador pude mirar en nuestra carta digital que nos encontrábamos a la altura de Ilheus. Una antigua ciudad colonial que hoy se sigue dedicando al cultivo del cacao. Pude ver que tenia un puerto pero la parada no seria necesaria, ya que nos quedaban menos de doscientas millas hasta nuestro destino. Este viaje podríamos haberlo hecho tomándonos seis meses pero no era el modo en que había sido concebido. Aunque muchos no lo crean navegábamos con el apuro de quien sabe que tiene que llegar, pero sin saber bien para que. Hoy veo que aquí me esperaba el resto de mi vida y de algún modo siento que ese apuro era el apuro por convertirme al fin en un hombre.

Pasamos el dia en intervalos intermitentes entre la vela pura y la vela con motor. El objetivo  era poner nuestros pies en Bahía lo antes posible. A las siete de la tarde prendimos la radio para oír la Ronda de los Navegantes de Rafael. Tanto Eduardo como yo nos habíamos quedado preocupados por el navegante español que había desaparecido unas 4000 millas al este nuestro. Se llamaba Isidoro Arias y estaba a punto de completar la circunnavegación del globo en solitario. Nadie sabia nada aun de el. Rafael lo llamaba con insistencia por la radio pero la única respuesta era el tenebroso silencio. No volvieron a encontrarlo, a pesar de que en los días subsiguientes Rafael lo siguió llamando. La versión que Eduardo pudo averiguar a su regreso a Buenos Aires fue que Isidoro fue victima de una enfermedad que lo enloqueció un poco. Nadie sabe bien que tuvo, pero ojala Poseidón lo tenga en su gloria. La anécdota que queda es saber cuando uno puede seguir y cuando es bueno descansar o retirarse. La clave de cada una de nuestras etapas en la vida.

Isidoro Arias

Isidoro Arias

Luego por suerte pudimos escuchar novedades del “Tano” Bruno Nicoletti que venia dando su segunda vuelta al mundo junto con su hermano a bordo de un catamarán. Esta dupla italo-argentinos de mas de 70 años de edad había decidido hacer la travesía siguiendo la ruta de los 40 bramadores. Dos viejos valientes sin duda.

Eduardo y yo nos quedamos contentos con nuestros avances y al ver que no éramos los únicos en travesía. A cada momento existen cientos de aventureros que deciden que la vida va mas Allah de los pagos con tarjeta y la renta a fin de mes. Hoy , además de por el amor , brindo por aquellos que son los que dia a dia siguen soñando con lo que otros consideran imposible.  Celebro el amor de los navegantes por su ruta y del mar por sus huéspedes movedizos.

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