Dia 38: Archipielago de Abrolhos

La guardia de la noche fue calma. La luna me acompaño hasta las cinco y cuando ya comenzaba a aclarar decidí que seria hora de despertar a Eduardo para tomar su lugar en el camarote del medio. Las noches seguían siendo mágicas, sobretodo cuando la paz reinante de la vela me permitía elucubrar posibilidades para el futuro que me aguardaba.

Desperté antes de mediodía y salí al cockpit. Eduardo me recibió con una sonrisa que me demostraba que el también disfrutaba de sus ocho horas de soledad. El sol radiante pegaba sobre la banda de estribor y el barco avanzaba lentamente en rumbo norte. De repente me di cuenta de algo que hasta ahora no había visto: el barco parecía estar flotando en el espacio. Tuve que mirar el ecosonda para verificar que allí debajo nuestro había un fondo como a doscientos metros. El agua era tan límpida y transparente que uno podía ver hasta la profundidad máxima a la que penetran los rayos solares. El color turquesa dominaba la escena. Parecía un agua pintada con photoshop, pero eran las aguas del Archipielago de Abrolhos, conocido como uno de los mejores lugares en el Brasil para practicar el buceo.

Eduardo sugirió que serian buena idea tirar el señuelo Rapala para que siga nuestra estela. En estas aguas era probable que algún pez de buen tamaño viera el señuelo a lo lejos y se prendiera de el para brindarnos el almuerzo.  Pasaron solo cinco minutos de haber estado mojando el pez de plástico amarillo cuando la caña se curvo de modo considerable. En seguida aflojamos la marcha enrollando el genoa. Al otro extremo de la línea un pez luchaba por su vida y de nuestro lado el hambre del pescador no quería dejarlo vencer. Estuvimos varios minutos intentando traerlo pero cada centímetro de tanza  se recobraba con la lentitud de un velero a merced de la corriente en medio de una calma. Entonces pudimos ver sus tonos azulados y amarillos.

– Que es …- le pregunte a Edu.

– Un Atún.. bastante grande…

Segundos mas tarde pude ver la belleza del pez en su esplendor. Lo estábamos agotando y nuestra victoria estaba cerca. Lo sacamos con el bichero con el que usualmente nos servía para hacer el amarre. Salto en el cockpit unos segundos mientras nosotros sonreíamos sabiendo que su muerte no seria en vano. Íbamos a comer, al fin , pescado fresco.

Atun: Pescado Fresco del dia.

Atun: Pescado Fresco del dia.

Eduardo se encargo de limpiarlo y luego la única decisión que bastaba era la de determinar el mejor modo para cocinar el atún.

Eduardo se aproximo con una sierra y la decisión fue tomada: haríamos rodajas de atún gruesas para hacer a la plancha. Por suerte me había traído a bordo casi todos los adminículos de cocina de la casa de Uspallata. Entre ellos una vieja plancha de hierro a la cual le faltaba el mango de madera. Hoy esa plancha ha de estar sepultada en algún basural. Luego de mi llegada a Miami el barco paso por varias etapas de limpieza y remodelación de las cuales se encargo mi padre. En alguna de esas limpiezas la plancha, ya toda oxidada y corroída por el salitre, fue a parar a la bolsa junto con los colchones y los pisos originales.

Serruchar el atún fue mas difícil de lo que parecía, sobretodo al llegar a la espina. Tras concluir la labor, echamos dos “bifes” de atún a la plancha. Era lo mas parecido a un bife de chorizo, pero en su versión marina, que habíamos cocinado a bordo. Solo le echamos una pisca de sal encima. Se cocino durante varios minutos. Se dio vuelta. Se puso cada bife en su respectivo plato y se fue a degustar al cockpit. No recuerdo nunca haber probado un pescado tan sabroso. Aun hoy me queda la duda si el sabor tenia que ver con la experiencia o si en verdad este era el platillo marino mas exquisito que hubiera de probar.

Terminamos la tarde contentos y con la panza llena. En la heladera, que por suerte enfriaba bien, quedarían varios bifes de atún para los días sub siguientes.

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