Dia 7: Torres

Por la madrugada podíamos ver las lejanas luces de Porto Alegre, al otro lado de la Lagoa Dos Patos. Cada vez que miraba hacia la costa y podía divisar a civilización que habíamos dejado atrás me preguntaba como era posible que tantas existencias, tan diversas pudieran ser abarcadas por este universo confuso. Allí en las luces había gente yendo a trabajar, jóvenes de juerga, personas durmiendo y gente con dolor. Aquí afuera a unas 15 millas de la costa un velero con cinco argentinos luchaba contra la corriente para dirigirse al hemisferio norte. Nadie intuía nuestra presencia. El mar es tan vasto e inabarcable que debe uno encontrarse en el como para llegar a contemplar la inmensidad que lo rodea a uno.

Los mapas, las cartas náuticas y ahora los teléfonos móviles tratan de darle un sentido comprensible a esta inmensidad mediante la representación grafica de las extensiones que recorremos. Es una gran ayuda el contar con estas herramientas y con la tecnología que hace de este viaje un posibilidad alcanzable. Pero de todos modos, toda la tecnología y la cartografía que nos es dada no llega en modo alguno a transmitir la inmensidad del océano y la densidad de nuestras ciudades. Cada vez somos mas los que nos amontonamos en urbes y pocos los que desde el vacío oceánico pueden contemplar esta realidad.

Ya estábamos cerca de cumplir una semana desde la partida y todos comenzábamos a acostumbrarnos al ritmo del océano: las guardias pautadas, el almuerzo, las charlas y la llegada de la hora en que nos reconectábamos con el universo del cual veníamos. A las 7 de la tarde se prendía la radio de onda corta con la que íbamos a comunicarnos con los nuestros durante el resto de la travesía. Desde Zarate, la ciudad natal de mis padres, nos daba apoyo Eduardo “ El Negro “ Lastiri. Además en la vecina ciudad de Campana encontramos un nuevo amigo que nos haría de puente con la familia y amigos: Julio García. Cada día se esperaba con ansias la hora de la radio. Las condiciones meteorológicas afectaban la calidad de la comunicación así que siempre había que cruzar los dedos para que las condiciones fueran las adecuadas para hablar. Esta relación simbiótica la practicamos hasta el día del arribo y fue sin duda el apoyo moral necesario para seguir adelante con la tranquilidad de que nuestras familias estaban informadas sobre nuestro bienestar. Mi reconocimiento a todos aquellos que por medio de la radio nos dieron animo y nos ayudaron a seguir subiendo hasta el día del arribo.

Espada

Eduardo y Carlos se divierten sacando un espada.

Hoy la radio todavía descansa en el segundo estante de la mesa de navegación pero lleva casi una década apagada. Es increíble como ciertos elementos pueden resultarnos tan indispensables en ciertas ocasiones para luego caer en desuso total. La radio de onda corta sufrió el mismo destino que hoy sufre el fax, los teléfonos públicos y los cospeles del subte. Es curioso pensar que en medio del mar no solo cambian las rutinas y las prioridades sino también las necesidades. El celular de poco sirve allá sin torres cerca para dar señal. Hoy vivo en una sociedad interconectada por las redes sociales, las paginas de internet, los videos virales, pero nada de eso es tan real como la travesía que pude comenzar hace una década.

Estos días se hacían eternos y la tripulación se divertía del mejor modo posible. Recuerdo que tiramos una línea con un señuelo amarillo atado a ella para ver si pescábamos algo. La ida de un pescado fresco nos hacia agua la boca a todos. Tras una media hora sentimos el tirón de la primera presa capturada durante esta travesía: un espada de solo un cuarto kilo. Al sacarlo del agua las esperanzas de una suculenta cena se desvanecieron. Es pez no servía para comer por la cantidad de espinas y además tampoco hubiera podido alimentar a cinco bocas, así que retorno contento al agua. Igual nos divertimos un rato con la idea de la pesca como fuente de nuestros alimentos. Esta idea traería buenos resultados mas adelante.

Tras toda una tarde de intenso calor, charlas y la cena pudimos sentirnos un poco mas cerca del destino cuando a lo lejos vimos las luces de Torres. Muchos argentinos vacacionaban allí por ser la playa de Brasil mas cercana a la capital de nuestro país. Otra vez pensé en cuan diferentes serian sus vacaciones de nuestro viaje. Este viaje parecía ser una sucesión de faros brasileros que nos despedían presentándonos al siguiente. La luz de Torres nos mostraba que mas arriba nos quedaba un hito mas al que llegaríamos al día siguiente: el cabo de Santa Marta Grande.

RUTA DIA 7

One thought on “Dia 7: Torres

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *