Nadie es víctima de su destino

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Al día siguiente me encontré con Víctor por la mañana. Habían pasado menos de doce horas desde nuestra charla (o debería decir su monologo) en el teléfono. Y allí estabamos, frente a frente a frente. Yo con su mirada clavada, como aquel día de verano en el baño; intimidado, tal vez, por su presencia. Víctor comenzó a hablar. En unos quince minutos pudo exponer la fase inicial de su plan, la única que yo sabría y la única para la cual iba a necesitarme, según dijo aquel día. Siempre me pregunte porque tuvo que aclarar de antemano que mi servicio a su causa seria solo temporal y limitado, pero no recuerdo habérselo preguntado.

Años mas tarde me di cuenta  de que sencillamente no había otra etapa. Su plan concluía en la fase uno, con mi actuación inútil y punto. Creo que invento la existencia de otras etapas para no otorgarme poder en la decisión. Si así fue, hizo bien, porque de haber sabido que el plan contaba con solo una etapa, no hubiera accedido a los requerimientos de Víctor. Recuerdo que en esos tiempos, de planes y de practicas, soñaba con las etapas futuras aunque nunca me haya atrevido a preguntar sobre ellas.

Creo que no fui enteramente una víctima. Nadie es víctima de su destino. Acaso Víctor fue solo un medio de algo más grande e incomprensible; una forma de llegar a ella. ¿Y ella? No sé, tal vez haya sido otro medio; un camino mas seguro para llegar a la locura; para oír al grillo adentro una vez ya muerto; para encerrarme y no volver hasta esta pagina; para salir y descubrirme tal como soy o como siempre quise y nunca pude.

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