El rebelde silencioso

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El Comando Abuelo Negro fue formado en 1989. El rebelde era su jefe, fundador y único soldado. Su primera medida fue declararse en rebeldía ética. Nada estaría mal visto dentro del Comando, porque no podía haber reglas, ni sublevaciones ni juegos de poder, sin un ejercito numeroso y estable.

El Comando, de raíz libertaria, dio comienzo a sus actividades en un muy ámbito privado: dentro del propio ser. Puesta en marcha la revuelta, ya no hubo vuelta atrás. Abuelo Negro, en esencia anarquista, contaba con una metodología básicamente incendiaria. Brindo importantes aportes al arte callejero de protesta y al escándalo barrial de aquel tiempo, operando a lo largo de toda una década. Se dice que no sirvió de mucho el adoctrinamiento y la tortura, ya que Abuelo Negro debió disolverse por causas que no van a explicitarse. Pero al menos hoy se sabe que tuvo un propósito, porque sirvió como preparativo y como causa.

Sublevación ética, revolución sexual, apatía política y descreimiento generalizado eran los ideales del Comando, que aun hoy creo conservar con el mismo espíritu. Aquello no fue en vano. Nada lo es si uno se detiene a meditarlo.

Recuerdo con especial claridad una tarde de verano. El Comando operaba por entonces en baños públicos, realizando pintadas anarquistas y marcas de fuego en las puertas de acceso a los lavabos. Lo recuerdo muy bien. Me encontraba en plena operación cuando entro un joven al baño. Me paralizo su mirada, tan limpia y atemorizante. Fue como una puñalada, que aun hoy llevo.

De esta forma conocí a Víctor y más tarde, por medio suyo, a ella.

Mi parálisis duro dos segundos, y cuando intentaba retirarme cruzo la pregunta:

-¿Por que escribís?

-No te importa- conteste velozmente intentando una huida casi infantil.

Sin dudarlo, me volteo de un puñetazo. Ni bien pude incorporarme, me hizo notar que esa no era forma de contestar a una pregunta amable, y sonrío extendiendo su mano.

Así era Víctor, ambiguo. Cálido y tenebroso. Sutil y desenfrenado. Valiente e inseguro. Incomprensible para mis sentidos.

Así fue siempre… hasta el fin.

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