Dinosaurios

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Fue hace dos días. Nos encontraron en un campito. Creo que no era lejos de la casa donde vivía.

Unos chicos del barrio quisieron reacomodar el campo de juego. El terreno del picado debía agrandarse en relación a sus capacidades atléticas.

La casualidad quiso que fueran a clavar el poste justo sobre el cráneo de Hugo, pero no se dieron cuenta. Recién al cavar el otro pozo dieron con mi fémur, casi intacto desde hacia ocho años. Que placer salir del claustro, reeencontrarme con mis compañeros. Hoy se descubrió al ultimo, Cachito. Siempre escurridizo el guacho. Él fue el ultimo al que agarraron. Ahí estabamos veintidós, tirados en el suelo, desarmados, paradójicamente desenterrados por los mismos que años antes habían cubierto nuestro sepulcro con silencio y temor sembrado.

Todos en fila, mirando al cielo igual que hace ocho años pero noventa grados más tiesos. No podíamos mirarnos a la cara, no podíamos hablarnos, pero todos estaríamos pensando lo mismo: que ganas de jugarnos un picado.

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