Amor y libertad

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Durante el periodo que sobrevino luego, sostuve largos y variados debates-charla en bares, plazas, colectivos, estaciones de tren, terminales, ministerios, galerías y otros recintos de publico acceso.

Las palabras cambiaban según los interlocutores, pero algo permanecía invariable: mi obsesión, tema central que podría plantearse de la siguiente manera: como es que pueden ser compatibles el amor y la libertad.

En general no se comprendían plenamente mis palabras, pero siempre cada interlocutor aportaba algo a mis ideas y experiencias. Era particularmente interesante para mí, la visión que las mujeres tenían acerca del tema, sobretodo la de las mujeres mayores, cuya experiencia y desvergüenza, me ponían en constante revuelo. Recuerdo con especial detalle una charla que sostuve con una señora que paseaba a su perrito. Yo estaba sentado en un banco de una plaza del centro cuando ella se arrimo para descansar y vigilar a su perrito desde esa posición. La salude con un buen día, si bien ya habían pasado las doce, y ella contesto amablemente. No necesite iniciar la charla esa vez. La señora comenzó a contarme todo acerca de su relación con el perro y el relato historiado se prolongo por casi dos horas, interrumpiéndose únicamente por el alejamiento excesivo del Perrito y el sutil llamado de la señora “para que no se pierda”. La escuche atentamente hasta que se fue por el mismo sendero por el que había llegado menos de dos horas antes. Me quede sentado un largo rato en el banco, pasmado por la sencillez con la que la señora lo había expuesto.

El amor no era mas que eso: necesidad y entrega.

Necesidad de tener a alguien y entrega incondicional, a cambio de gestos y palabras que nos confirman la reciprocidad, aunque sea ficticia, de nuestra necesidad y de nuestro espanto ante la soledad. Es en sí un intercambio, esencialmente injusto, pero necesario.

Pense en mi pasado aquella noche y me avergoncé de mí mismo, por no haber sabido o por no haber tenido el coraje suficiente. La señora lo había dicho claramente: necesidad y entrega. Ambas tuve, pero no en cuantía suficiente.

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