Inconstancia

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

Tras dos meses perdí toda esperanza. No tenía nada que hacer. Fue entonces cuando apareció el grillo en mi vida. Lo recuerdo muy bien porque apareció el primer día que no salí en búsqueda de la obra. Hoy me doy cuenta que debí seguir buscando. De persistir, no hubiera aparecido el grillo para alertarme, y no hubiera vuelto a ella (al menos por un rato); no hubiera perdido toda esperanza tan pronto.

Ese día de encierro me sirvió para cargar culpas. Era inútil, sabia que no iba a encontrar la obra (y tenia razón), pero lo avergonzante era mi perdida de confianza, mi falta de tozudez. Ese día no fue optimista y por la noche cayo el castigo ya narrado.

El grillo entro a mi vida, una marca mas que no se iría. Aun hoy puedo escucharlo, cada tanto aparece para torturarme con sarna. Cada vez que intento escapar de mí, cada vez que mi historia me requiere o yo requiero de ella, pero la niego. Su chillido surge de alguna parte que aun no adivino, para recordarme quien soy y como llegue hasta mi presente.

La mayoría ha de juzgarme cobarde. Quizá fue solo ella la que vio mi valentía, aunque nunca la haya reconocido. Sin duda, soy miedoso, pero quien no lo es. Salir a la calle es una aventura incierta. El hecho de estar escribiendo, leyendo o meditando en un lugar apacible, es fortuito, casi inexplicable. El caos que nos circunda no es evitable. En cada esquina se peligra la existencia pero uno no puede encerrarse. Lo estuve intentando tras el grillo, pero fracasé como fracasaron tantos otros, como fracasan los náufragos que no pudieron llegar a puerto.

Pero mi peor fracaso no fue este, tampoco fue el no haberla conquistado. Lo peor es esta pila de hojas que intentan narrar lo inenarrable. Los dolores y las penas de un muchacho que se hace hombre no son litros de tinta sobre un block que nunca acaba. Ustedes sabrán comprender lo limitado que es este recurso literario. Por eso pienso que quienes lean, no leerán mi historia sino otra muy similar pero con matices. Y será la libre interpretación la que lleve esta ficción mas lejos o más cerca de lo acontecido.

Excusas

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

Haber vuelto fue culpa del grillo (aunque valga reconocer que el grillo apareció por mi culpa). Todavía busco la conexión entre Víctor y el grillo, porque ha de haberla, de eso no hay dudas. El grillo me llevo de vuelta a ella y Víctor no reapareció en forma alguna. Varias veces pense en la posibilidad de la reencarnación, pero esto me aterraba mas aun, ya que me convertiría en un asesino múltiple, imperdonable.

Mi peor error fue haber matado al grillo. Sabia de las implicancias cabalísticas de la muerte de un grillo, sin embargo no soporté el chillido y tuve que aplastarlo. Intente detener su chillido taladrante con mi bastón y por un rato sirvió. Como una anestesia que duerme al dolor pero que tiene un fin mediato luego del cual vuelve, solo que exacerbado por la existencia de un alivio ficticio.

Sé que algún contacto ha de haber. Si no seria imposible que al escapar del grillo, mis piernas me guiaran hacia ella. Si recuerdan mi relato mi huida del grillo me llevo a una plaza, a un encuentro fortuito, como ya dije. Un encuentro fortuito que desencadenaría la tragedia. También seria el origen de este pilón de hojas. También pudo haber sido el encuentro con Víctor en un baño hace ya mucho, pero dudo que este haya sido fortuito.

El encuentro

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

La vi sentada en un banco con la expresión perdida. Me detuve frente a ella. No estaba muerta, estaba allí en la plaza, esperándome. Recuerdo que me dijo:

-Sabía que algún día vendrías. Esta escrito.

Comencé a temblar, y me senté para no desvanecerme. Hablamos solo un par de minutos. Me contó que un hombre le había acercado un libro extraño hacia unos meses. Al principio lo había dejado archivado sobre un mueble sin darle importancia, pero luego llego un día en que sintió urgencia por leerlo sin saber por que. A partir de entonces se sentaba en esa plaza todas las tardes, sin saber cuando pero con la certeza de que yo aparecería. Dijo que solo tenia un mensaje para darme y que nunca mas volvería a verla.

-¿Pero por que…?- atine a preguntarle desesperado.

-Porque esta escrito.

Le pregunte por el mensaje y se puso nerviosa. Intente calmarla con un abrazo, pero se altero aun más.

-¡Tonto… no te das cuenta! Víctor esta observándonos, siempre lo estuvo. El juego terminó. Existen fuerzas que no podemos comprender, ellas nos rigen, nos determinan. No hay nada para hacer, porque todo ya esta escrito.

Se levanto llorando y se fue.

No pude seguirla, estaba atónito.

Parecía imposible pero era real. Ella tenia la obra. No se como le habría llegado, pero estaba seguro de que ella la tenia. Dos palabras resonaban en mi mente: esta escrito. Ella lo dijo dos o tres veces.

Me negaba a creerlo. Cuando pense que mi vida podía estar resumida en las líneas de esa obra, me asuste. Pero nunca pense que el destino de todos estuviera prefijado; esto no solo era aterrador sino repugnante.

La tormenta

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

Una tormenta se avecina y me quita del sopor. No son los cuarenta grados ni el clima húmedo, es algo mas que me adormece. Al despertar me doy cuenta de un triste hecho: he estado horas escribiendo sobre un pasado que ya no existe, sobre un ser que ya no soy.

La tormenta refresca el aire y la atmósfera se carga de electricidad. Estas diferencias de presión, estas masas de aire con temperaturas variadas y disimiles, estas gotas que con ira golpean el cemento como si le retrucaran, como si supieran que les impide el paso hacia la tierra reseca que aman y añoran. Todo me da fuerza. Me incorporo, abro la ventana y respiro hondo, me mojo un poco. La reja me impide ir del otro lado; y en momentos como estos creo que no debe ser muy difícil volar, pero la reja me lo impide.

Que lastima que esta tormenta venga justo ahora y no cuando Víctor colgaba de mis pies en el balcón. Me imagino su desconcierto si en vez de caer hubiera volado. Que risa de solo pensarlo. Puedo verlo a Víctor azorado ante mi vuelo ágil.

Cuanto pagaría por cambiar el orden del tiempo, por estar encerrado hace diez años y volar desde el balcón logrando un escape triunfal.

Cuanto daría por dominar el clima y el segundero de un solo minuto. Pondría arco iris por doquier y los segundos de trabajo durarían una décima de los de descanso. Cuanta ilusión…

Cuanto se lleva el tiempo.

Y cuanto ilusiona el encierro.

Pero sé que lo merezco y que no pudo ser de otra forma. Porque esta escrito, diría ella.

La paz del encierro

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

El grillo aparece cada vez menos. Antes del incendio comenzó a trastornarme y luego de matarlo empeoro.

Una vez que logre la paz del encierro supuse que se había ido para siempre, pero fue un engaño, porque nunca va a irse, porque no puedo librarme de lo que soy, de lo que tengo adentro. El grillo me recuerda este lamento.

Ahora pago todo aquello. Lo que hice, lo que nunca pude. Y se confirma el axioma: el hoy es una proyección de nuestro pasado y un espectro del futuro.

Rejas

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


Me gusta pensar que no es casual que mi cuarto atiborrado de papeles tenga rejas; aunque no soy peligroso, lo merezco, y me enorgullezco por merecerlo. Uno es lo que decide. Decide lo que hace. Hace lo que quiere. Muy simplista, pero es algo así.

Recuerdo que tras aquel encuentro fortuito quede trastornado con una sola obsesión: ella tenia la obra, no sabia cómo, pero efectivamente la tenia, y esto no era adecuado y podía traer consecuencias incalculables. Develar secretos, a veces puede generar catástrofes, de hecho mi intento por evitarlas fue aun más catastrófico y funesto. Yo no podía tener la obra, ella lo había dicho claramente: no nos veríamos más. Nunca.

Esta idea me aterraba menos que otra, como podía ser que estuviera viva, cuando yo tuve la certeza de que había muerto. Como pudo soportar la presión de Víctor. No era la misma de antes, pero había sobrevivido a la tortura. Su cuerpo era igual, casi igual, quizá un poco más desgarbado, pero su expresión era distinta. Su mirada, lo recuerdo claramente, estaba como ida y su actitud general era la de una persona prófuga. Evidentemente se sentía perseguida.

Se me ocurre que Víctor la quiso demasiado para llevarla hasta el suicidio, prefirió subyugarla aun más de lo que lo había hecho en vida. Pobrecita, la tortura debe haber sido inmensa.

Solo queda explicar mi condición. Mi reincidencia no es casual. Las mismas obsesiones, distintos tiempos. He tratado de olvidarlo todo, pero no puedo. Si pudiera, borraría todo menos al grillo, que aun hoy me recuerda la esencia que no quiero perder. Resuena adentro, por sobre gritos, disparos y la madera crujiente en el fuego.

Fines

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

Lo pense por varios días. El encuentro fortuito había disparado en mi una suerte de odio inexplicable. Indudablemente el destino había errado su camino.

¿Por qué Luis le había llevado el libro a ella…? Justo a ella. ¿ Que extraño motivo lo llevo hasta allí? Y como sabia ella que iba a encontrarme algún día en aquella plaza. El encuentro no fue fortuito entonces.

Si la obra fue la que la guió hasta mí, entonces el móvil de Luis pudo haber sido solo uno: Víctor.

Ahora bien, para que provocar un encuentro similar al que genero su ira contra mí.

Creo que todo ha estado planeado. No sé si por Víctor o por una fuerza que no llego a comprender. Este era su fin, el de Víctor digo. Me imagino su sonrisa mientras escribo esto.

El efecto secundario del encuentro me tiene preso hoy. No pude soportar saber que ella tenia la obra, justo cuando había creído que era una ficción, una idea mía. Ella parecía obsesionada con Víctor y la obra, lo cual impedía cualquier tipo de requerimiento de mi parte. En realidad ella había pasado a un segundo plano una vez que comprobé que el encuentro no había sido fortuito sino planeado por Víctor. Ella no era quien creí, ya no era. La obra era mi fin y nada podía interponerse.

Podría quemarlo todo y el mundo seguiría. Sin mí, sin la obra, todo seria igual.

Pero mi sed no se agota con el llanto. Hay algo mas, siempre hay algo más. Y sigo escribiendo, es una droga que no tiene cura, la soledad del encierro.

Ultimos recuerdos

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

Cuando no doy mas, vuelvo al proyecto y me parece que escapo (¿de qué escapo?).

Hace unos cuantos días que no escribo. En realidad no recuerdo cuando fue la ultima vez.

Pienso en el amigo que no tuve.

En ellos.

En Luis, pobre gordo.

Y en mi hijo inconcluso, que me aguarda tras estas paginas, siempre.

Desesperanzas

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

Mi cuerpo no da más. Debo darle un fin a todo esto. Encerrado es difícil darle un sentido a todo. Solo sé que escribir me mantiene vivo. El lápiz se me dobla por momentos, pero cuando estoy a punto de quebrarlo me detengo.

Pienso en la incomprensión, en que alguien ha de creer que no estoy loco, que nunca lo estuve. Sin embargo escribo en el encierro.

No valen ya las causas nobles.

El romanticismo ha muerto.

Una vez recuerdo haber escrito: “ya nadie cree en nadie”. Lo que hoy escribo tiene origen en la esperanza de que mi sentencia no sea cierta. Todavía creo en dos ojos que se cruzan y se sienten uno, aunque no lo sean.

Nada mas alberga mi codicia. La fama me ha quedado lejos. La grandeza a varios pasos. Y no diviso bien que hay por delante.

Quizá sea solo confusión.

Y mi esfuerzo inútil.

No es discreto este final. Podría ser abierto, porque abierta esta la historia. Sucede que no tengo mas que narrar.

Espero haber llegado a explicarme. En fin… no importa. Solo quiero que se sepa que todo lo que he hecho tuvo una causa, y toda causa un fin.

No es fácil para mí seguir escribiendo en estas condiciones. Dicen que el encierro no es para el artista, y aunque esto no sea arte, sino vida en paginas, vale reconocer que mi desgano tiene fundamento.

Ya le he enviado una parte de mi historia. Y estas ultimas paginas ha de recibirlas en cuanto termine de expresarme.

Mi historia no tiene correcciones. Mi vida tampoco las ha tenido. Creo que lo que queda es importante: las ideas no se matan.

Calculo que ya abra recibido mi paquete. Si la desgracia quiere que ella ya no vive donde supe, entonces la encomienda la recibirá otro, y hará de esto lo que quiera. Probablemente se use para prender un fuego… que paradoja, otra obra quemada.

Solo

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

Nunca vino a verme, aunque sabe bien donde estoy. Si fue ella misma (o su abogado al defenderla) quien probo mi peligrosidad.Siempre estuve en desacuerdo con el fallo. Debería estar preso y no encerrado aquí. Porque esta claro que loco no estoy (y sin embargo sigo aquí, encerrado). Que no se entienda que pretendo libertad… ya la perdí hace rato y además no la merezco. Cuando la tuve a mano, la patee como una perra enferma que se acerca a lamer mi mano.

Creo que debería estar preso. Lo que hice causo daño. Y si bien no murió nadie, podría haber causado un daño irreparable. Quizá incendiar la casa de ellos no haya sido buena idea, pero no podía soportar la idea de vivir sin una obra que necesitaba y no podía tener. Prefería quemarla antes que compartirla. Recuerdo haberme quedado atónito ante las llamas. Me parecía increíble que algo tan inmaterial como el fuego pudiera destruir tanto. Cuando llegaron los bomberos, a los pocos minutos, yo todavía estaba adentro de la casa. Recuerdo que tuvieron que sacarme entre dos o tres y al salir me sentí por primera vez libre. Pero solo por un rato, hasta que llego la gente de azul y el juez que ya les dije.
Ahora pienso, que sentirá ella al recibir mi paquete con líneas que probablemente no comprenda o no le sean relevantes. Supongo una curiosidad inicial, como la que uno siente con todo paquete que arriba. Pero luego, al abrirlo, al comenzar a leer… que sentirá. Indescifrable. Las sensaciones ajenas poseen este rasgo: nos son inaccesibles.

¿Cómo puede sentirse con el corazón de otro o verse con ojos que no son propios? Ese misterio es insondable, siempre lo ha sido, por eso me pregunto que ha de sentir.